martes 24 de marzo de 2009

El libro del viaje al Adriático

En los grandes viajes todo empieza a moverse desde que tomas la decisión de partir. Sueñas con aquellos lejanos lugares que visitarás, con la gente que se cruzará en tu destino y las aventuras que vivirás. 

Después, rumbo a lo desconocido y con la emoción como brújula, escudriñas el horizonte con la esperanza de las espectativas cumplidas. Entonces, arropado por tus compañeros de ruta y en la soledad de tu casco, descubres que la vida tiene sentido.

Ésto, y algunas cosas más, han quedado plasmadas en este cuaderno de bitácora de las cosas que pasaron cuando viajamos al Adriático.

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jueves 27 de noviembre de 2008

Recuerdos del Adriático

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martes 12 de agosto de 2008

Etapa final


Tras 11 intensos días de moto y una vez en casa, las sensaciones y las imágenes se amontonan en nuestros cerebros y tenemos que ordenarlas. La camaradería, las risas, las anécdotas, los problemas y algunos sinsabores han sido nuestros constantes compañeros de viaje que, en su conjunto, han resultado ser una experiencia inolvidable.

Este ha sido un viaje extraordinario y como nos hemos quedado con ganas de más, ya estamos pensando en el siguiente destino: Turquía, Marruecos, Escocia, Cabo Norte... se verá.

Tenemos mucho material audiovisual y próximamente iremos publicando las crónicas y las fotos en mejores condiciones que lo hemos hecho hasta ahora. Os iremos informando cuando las vayamos subiendo al blog. Por cierto, si alguien quiere información para seguir nuestros pasos no tine más que ponerse en contacto.

Abrazotes varios.

Etapa 10: Italia y la guinda

Después de aparcar las motos ¡en un pasillo! del ferrie y con la duda de si al día siguiente seguirán estando en pie, nos dispusimos a buscar un acogedor sitio en la cubierta del barco. No fuimos los únicos que pretendíamos dormir al raso y tras algunos momentos de búsqueda encontramos una buena alcoba junto a la proa. En peores garitas hemos hecho guardia.

Una vez en Ancona, ya tierras italianas y con el cronómetro en mano para no perder el barco que nos tenía que llevar a Barcelona, nos dispusimos a cruzar la península en dirección a Civitavecchia. La etapa que a priori no tenía mucho atractivo ya que la hicimos en autostrada, se convirtió en una tremenda lucha contra el intenso calor y contra nuestras ya mermadas fuerzas. El premio a tan titánico esfuerzo se materializó en forma de visita a la ciudad eterna. Fue una visita corta, pero que nos mostró la belleza de Roma y nos dejó boquiabiertos ante las murallas y sobre todo, del Coliseo. No risk, no fun.


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Con una sonrisa en los labios nos dirigimos a buscar el ferrie que nos debía transportar a España e, in extremis, llegamos a cogerlo. Se prometía un viaje tranquilo, tomando el sol en cubierta con una cerveza en la mano, pero los fuertes vientos del Mediterráneo convirtieron el enorme barco en un cascaroncillo a merced de las olas. Pero eso es otra historia...

Una vez en Barcelona y juramentándonos que el viaje no acaba hasta que no dejas las maletas en la cama de tu casa, atravesamos los Monegros rumbo al hogar.

sábado 9 de agosto de 2008

Etapa 9: Mostar y Dubrovnik



Con el frescor de la mañana atravesamos la frontera de Bosnia y Herzegovina y nos dirigimos a territorio desconocido. Sin mayores problemas llegamos a Mostar, donde quedamos prendados de la belleza de su reconstruido puente y sus alrededores. No es una ruta llena de curvas y de conducción como las que hemos vivido en las etapas anteriores. En esta ocasión sentimos que estamos viviendo una pequeña aventura en las que las cosas tienen muchas más variables y los sentidos deben estar mucho más alerta. Es una sensación nueva y muy, muy emocionante y envolvente que te empuja a seguir hacia adelante, a adrentarte a lo desconocido. Esta etapa, sin duda, nos dejó marcados y nos abrió nuevas fronteras personales.
Lamentablemente los horarios de los ferries nos hacen optar por la prudencia y ante la posibilidad de quedarnos en tierra decidimos poner rumbo a Dubrovnik. Aunque lo hemos acariciado con las yemas de los dedos, Sarajevo tendrá que esperar.

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Con un punto de amargura por no poder completar el recorrido hasta donde nos habíamos propuesto, pero con la curiosidad de continuar el camino llegamos a la perla del Adriático, en la que su ciudad antigua nos dejó con la boca abierta, haciendo necesaria una visita con más pausa.

Etapa 8: El mar Adriático

Se nota que estamos en el mar. Desde primerísima hora de la mañana el calor sofocante y la humedad hacen mella sobre nuestros castigados cuerpos que empiezan a resentirse de las maratonianas etapas anteriores. Atravesamos el interior de Eslovenia y entramos en Croacia, en la que recorremos toda la costa del Adriático en dirección a Split, en una entretenida carretera que no se separa del mar ni un instante, con un paisaje agreste y rocoso salpicado de pequeñas localidades costeras dedicadas al turismo.

El tráfico lento ralentiza la marcha más de la cuenta y pone en peligro la etapa siguiente, así que decidimos que ya teníamos bastantes curvas de mar y fuimos a coger la autopista en dirección a Dubrovnik. Tras 11 horas sin bajarnos de la moto llegamos la localidad de Podgora, donde al fin saboreamos las aguas del Adriático y una merecida cena.

El denso tráfico costero y los horarios de los ferries que nos tienen que trasladar a Italia al día siguiente, ponen un punto de incertidumbre a nuestra visita a Mostar y Sarajevo, así que optamos por apurar y madrugar todavía más, concretamente a las 5 de la mañana...

Etapa 7: última etapa alpina

Este día, nuevamente al al alba, pusimos en marcha las motos para completar el recorrido de los Dolomitas y transitar por tierras austriacas para, posteriormente, poner rumbo al mar.

El ritmo es bueno y continuamos haciendo puertos sin descanso en el paraíso de las motos. Mención especial al espectacular Passo Giau, a la bellísima y elitista localidad de Cortina y al puerto de la Civeta, que con sus 29 tornantis se convirtió en el último de esta zona de los Dolomitas. De allí hemos ido en busca del Grossglockner, en la parte austriaca, pero una megatormenta, con amenza de granizo y nieve, provocó el corte de la carretera y tuvimos que volver sobre nuestros pasos.
La lluvia se convirtió en nuestra compañera de viaje al abandonar la cordillera y dirigirnos a la localidad de Trieste, punto de enlace con el Adriático. Como siempre, tuvimos que buscar un sitio donde dormir con la noche ya entrada, pero por fortuna llegamos a un cámping en el que estaba a punto de cerrar la persiana y pudimos alojarnos en él. Esa noche no tuvimos fuerzas ni para plantar las tiendas y pasamos la noche al raso con las estrellas como techo.

Mañana el Adriático nos espera.